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Es ésta una expresión que muchos médicos hemos oído decir a nuestros pacientes al tratar de describir el momento en que se desencadenó el dolor de espalda. Dichos pacientes nos comentaban cómo al inclinarse (sin flexionar las rodillas) para recoger algo del suelo se quedaron doblados sin poder volver a enderezarse.

Por ello, es aconsejable que sigamos unas normas básicas de higiene postural al cargar peso o al realizar las tareas domésticas,  y de esta forma evitar que nos ocurra lo mismo que afirma el titular de esta columna.

No obstante, recordemos que nuestra espalda aguanta mucho, y salvo casos muy concretos debemos tener una actitud activa ante el dolor, manteniendo el mayor grado de actividad y movilidad posible, y evitar el reposo en cama que aunque durante mucho tiempo se ha recomendado, la evidencia científica nos indica que es contraproducente para nuestra espalda, y puede además cronificar determinados dolores.

El ejercicio físico es bueno para nuestra espalda, puesto que cuánto más potente, simétrica y entrenada esté la musculatura menor será el riesgo de padecer dolor de espalda.

En definitiva, mantengamos una buena higiene postural, tengamos una actitud activa ante el dolor, practiquemos ejercicio físico y se nos acabarán las excusas para no hacer las tareas domésticas.

 

Dr. Mario Gestoso

Director Médico de la EEDE (Escuela Española de la Espalda)

http://eede.es/

Médico de We Doctor

Solicitud de Consulta online con el Dr. Mario Gestoso: https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/8355915

Los profesionales sanitarios que abordamos el dolor nos enfrentamos día a día a múltiples casuísticas referidas a esta patología y, aunque solemos decir que enfermedades hay muchas, pacientes los hay más. Todos reclaman su atención, su prioridad, su preponderancia por encima de la del resto y a cada uno hay que atenderle como merece, pero todos ven su patología como la más importante.

Es cierto que el dolor es una patología silenciosa, que se presenta sin más, con frecuencia sin dejar señales evidentes de su presencia, más que en el abatimiento del afectado, en su estado de ánimo, en su entereza, y por ello es más difícil de justificar ante terceros que parecen evaluar solo por evidencias externas.

Solo por esta razón sería más que suficiente para celebrar una vez al año el día mundial del dolor, por el hecho sintomático de darle visibilidad y de realzar un conflicto que no solo aminora las fuerzas, sino que llega a anular a la persona, cosificándola como “si de un juguete roto se tratara”, pues su fragilidad asemeja a la del fino y delicado cristal de bohemia.

En la hoja de servicios de cualquier especialista en dolor, pero igual que en la de otras especialidades, hay muchos casos que se dan perdidos, porque la ciencia aún no ha avanzado lo suficiente como para dar respuesta satisfactoria para esos casos. No todos pertenece a ese sustratro que dejamos en denominar “enfermedades raras”, debido al mínimo porcentaje de afectados, sino que algunas de las patologías más corrientes todavía son de difícil solución.

Es el caso de la fibromialgia, cuya afectación genera una importancia en los afectados no solo a nivel físico, sino fundamentalmente anímico, porque han de afrontar su incapacidad funcional y sobrellevar la ausencia de tratamientos específicos, lo que genera una rabia y una furia que sí se evidencian externamente, hasta el punto de sentirse ignorados, menoscabados por el resto que ni conoce ni entiende su situación.

Solemos decir que solo quien lo padece y quien está al lado de éstos como cuidador o acompañante está en disposición de conocer los verdaderos estragos que genera esta patología, y no hablar de oídas ni por haber leído muchos manuales en versión papel o más recientemente en versión digital.

Por eso sinceramente recalco la importancia de destacar y significar que un día al año toda la atención internacional se centre exclusivamente en el Dolor, y se hable de las patologías, de las consecuencias directas y colaterales de su acción, de los pacientes, de su alimentación e higiene, de las técnicas y tratamientos, de los centros de abordaje, etc.

Creo que darles esta relevancia a sucesos que realmente lo merecen es digno de encomio por parte de los organismos internacionales. No me compete a mi valorar cuáles son más o menos relevantes, ni creo que mi opinión cuente ni siquiera que sea de interés general, pero a nadie se le escapa el dudoso mérito de otros eventos significados con una fecha puntual bien por su irrelevancia mundial o por lo ridículo de su propuesta ¡Allá películas!

El dolor afecta al 20% de la población mundial.

Todos lo padecemos, lo hemos padecido o lo padeceremos o tenemos amigos y/o familiares en idéntica situación. Y para cada uno, el día, los días o el periodo de afectación serán lo suficientemente relevantes como para que no pasen desapercibidos. Pero para el resto de la población no tendrá la más mínima repercusión y por ello y hacia ellos por lo que merece la pena llamar la atención con esta celebración, para que al menos un día al año vuelvan su atención hacia quienes sufren en silencio.

Particularmente no me canso de divulgar a través de los medios de comunicación analógicos y digitales, los blogs, las redes sociales, el conocimiento sobre el dolor a fin de acercarlo, de hacerlo más humano, sin caer en la vulgarización, porque muchas veces tendemos a mitificar ciertas cosas y a convertirlas en etéreas, intocables, etc. Derroquemos esos muros, esos pedestales que alejan al paciente de los profesionales sanitarios.

Otra propuesta que suelo hacer a mis pacientes es que cuenten sus problemas, los aireen, pues no todas las soluciones están tras las mesas de las consultas ni de los quirófanos, y es la experiencia de otros pacientes la que ayuda a sobrellevar los conflictos de salud propia, no por vanidad, ni presunción, ni jactancia, sino porque entre iguales se aprecia que no somos casos aislados, que lo nuestro es corriente y si no lo es, al menos sabemos que no estamos solos, que muchos nos comprenden.

Hay un factor físico, químico, médico en toda patología, pero a nadie se le puede ni debe escapar que también hay elementos emocionales que interactúan a la hora de superar ciertos problemas, y que todo aliado es poco para derrocar a ciertos enemigos, y el dolor es uno de ellos.

Celebremos su día y démosle la visibilidad que merece. Por nosotros. Por todos.

 

 

Dr. Alfonso Vidal.

Jefe de la Unidad de Dolor del Hospital Quirónsalud Sur

Prof. Anestesiología de la Universidad Complutense de Madrid. #eHealth #mHealth

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Médico de We Doctor.

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A pesar de todos los intentos que he hecho no consigo que el dolor desaparezca. ¿Estoy haciendo algo mal o es que no va a desaparecer nunca?, ¿cómo puedo, al menos, aliviarlo?, ¿qué opciones tengo además de los fármacos?

Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP)el dolor es una experiencia tanto sensorial como emocional que, a pesar de que va relacionado con un daño tisular real o potencial, es siempre una experiencia subjetiva que nos afectará en mayor o menor medida en base a nuestras características físicas y psicológicas. Al encontrarse esta parte emocional de forma inseparable a la física, es por lo que cabe en estos casos un tratamiento psicológico.
¿Y cuando hablamos de dolor crónico? Pues hablamos de dolor crónico cuando éste persiste más allá de la lesión que lo causó y se mantiene aun cuando la lesión ha desaparecido.

¿Qué variables psicológicas pueden influir en nuestra percepción del dolor?

Las características o variables psicológicas que pueden influir en la intensidad con la que, subjetivamente, percibimos el dolor son:

  • Atención: la atención que dediquemos al dolor está estrechamente relacionada con la intensidad del mismo. Es decir, si conseguimos “distraernos” con otros pensamientos o tareas, nuestra tolerancia al dolor será mayor
  • Catastrofismo: definimos así a aquellas ideas negativas que nos invaden el pensamiento ante una situación de dificultad. Todas nuestras preocupaciones giran en torno al dolor: pensamos en él todo el tiempo, magnificamos su intensidad y la incapacidad que nos provocan y (mal) aprendemos que no podemos hacer nada mientras sintamos dolor
  • Ansiedad: todo lo que puede ocurrir en el plano emocional de nuestras vidas se ve perjudicado negativamente por la ansiedad y, puesto que como hemos visto el dolor también tiene este componente emocional, incrementará cuando nuestros niveles de ansiedad sean altos. En este punto es importante aclarar que se percibe menos dolor cuando la ansiedad que sentimos se debe a un dolor que sabemos que tendrá fin, como ocurre por ejemplo ante algunas pruebas médicas. Es decir, aunque hayamos sufrido dolores puntuales más agudos, el dolor crónico se percibe con mayor intensidad puesto que nos provoca la percepción de “dos dolores”: el físico y el emocional de no poder librarnos de él
  • Interacción: se produce cuando se da la influencia entre las tres variables que hemos enunciado anteriormente. Veremos como, por ejemplo, un alto nivel de ansiedad aumentaría nuestros niveles de catastrofismo y éste a su vez favorece la interferencia atencional convirtiendo al dolor en nuestro principal foco.

Intervenciones Psicológicas

Desde el campo de trabajo de la Psicología, se han desarrollado diversas intervenciones a partir de las cuáles se pretende aliviar a la persona con dolor crónico. La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), plantea en el distanciamiento y la aceptación del dolor una opción eficaz para reducirlo. A modo de síntesis o resumen, podríamos decir que la intervención desde esta perspectiva consistiría en:

  • Fase de desesperanza creativa. En la que se trabajaría con el paciente para ayudarle a tomar consciencia de la falta de efectividad de las estrategias que ha empleado hasta el momento para eliminar o aliviar el dolor
  • Percibir el control como problema. Aquí se subrayaría la importancia de la aceptación (que no resignación) como instrumento para mejorar. Aunque en el mundo exterior a nosotros mismos puede servir la regla de “si no lo quiero no lo tengo”, en nuestro mundo interior ocurre lo contrario y si luchamos contra algo conseguiremos no sólo que no desaparezca, sino que esté presente con más intensidad
  • Alterar el papel del lenguaje. En este punto se trabajaría con el concepto de defusión: con él nos referimos a la toma de distancia entre nuestros pensamientos y lo que somos. Es la capacidad de ver un pensamiento sólo como tal y no asumirlo como una realidad inmutable. Será más beneficioso para nuestra recuperación cambiar expresiones como “no puedo salir a hacer la compra porque siento dolor” por otras como “saldré a hacer la compra a pesar del dolor”
  • Trabajar con los valores de cada persona. Parafraseando a Dostoievski, “el secreto de la existencia del hombre no es sólo vivir, sino tener algo por lo que vivir”. Es decir, si conseguimos conectar con los valores que tenemos podremos ver en ellos los motivos para afrontar el compromiso y el trabajo que conlleva conseguir una mejoría de mis síntomas

Otra perspectiva desde la que se ha ahondado en el trabajo con el dolor crónico viene de la mano de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC o CBT), en la que se trabajará con los pensamientos irracionales de la persona que acude a terapia manifestando problemas de dolor crónico. Los pasos a seguir, expuestos de forma muy sintética, serían:

  • Observar y registrar los pensamientos. Para poder establecer una conexión entre lo que se piensa, se siente y se hace
  • Realizar una prueba de realidad dentro de la sesión terapéutica. Para comprobar si los pensamientos se corresponden con la realidad y no se deben a interpretaciones personales
  • Llevar a cabo otra prueba de realidad, esta vez mediante la asignación de tareas fuera de la sesión terapéutica. Para que aprendamos a ver nuestros pensamientos como hipótesis que se han de poner a prueba y conseguir, además, estimular la acción
  • Buscar y descubrir respuestas alternativas a pensamientos negativos. Esto es un paso más para debilitar el efecto que dichos pensamientos tienen sobre el estado anímico y la conducta

Como podemos imaginar, el manejo del dolor es una problemática que puede alterar de forma significativa el día a día de la persona que lo padece, por lo que es importante proporcionarle todas las herramientas y ayudas disponibles para facilitar su vida y la de los suyos.

 

 

 

Silvia Muñoz Morales

Máster en Psicología General Sanitaria

Twitter: @justpsyblog

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Psicóloga de We Doctor

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