Podemos dar cuenta de que una de las grandes aportaciones que ha hecho el Psicoanálisis es plantear que gran parte de nuestro comportamiento está determinado por el inconsciente. Lo que está en el inconsciente, tiende a repetirse. El inconsciente está a la vista. Es decir que, de este modo, repetimos conflictos, formas de actuar, maneras de relacionarnos con los otros, etc., y ello nos mantiene inmersos en el malestar y el sufrimiento.

En nuestra sociedad de hoy, en general, vivimos en términos dramáticos. La inseguridad económica, el desempleo, la competencia, la pobreza, la violencia, el poco aprecio por la ley, la corrupción, la negación de la diferencia, la baja tolerancia a la frustración, la escasa capacidad de espera, etc., aparecen en escena y habilitan un clima angustioso con sus diferentes manifestaciones en lo psíquico y en el cuerpo. Esto nos lleva a variadas maneras de defendernos, a diversos intentos de aliviar el sufrimiento.

La acción y la imagen son modos en que se han sustituido a la palabra, al pensamiento y a la reflexión. Tiempo y espacio se acortan considerablemente, y así, obtenemos un mundo mágico donde pensamiento y acción se confunden, aparecen como sinónimos; la acción reemplaza al pensamiento y ya no es éste el que precede a la primera.

Así, lo actual, el aquí y ahora, sustituye a la historia y los acontecimientos nos llegan directamente y sin retrasos desde el espacio donde ocurren y en el tiempo en el que ocurren.

¿Qué tengo? ¿Qué quiero? ¿Qué soy?, surgen como algunos interrogantes en esta sociedad donde el saber nos pertenece cada vez menos.

Quedamos atravesados por los ideales que presenta y genera la sociedad y se equipara aquello que podemos desear a un objeto que se pueda consumir o adquirir, colocando imaginariamente la felicidad en el hecho de obtener objetos que nunca se han tenido, y con los que no se ha establecido ninguna relación. Consumimos significantes sociales que nos son dados pero no encontramos la satisfacción ansiada, quedamos presos de una ilusión, y no nos terminamos de convencer por aquello que se ofrece como bueno y portador de la felicidad; el malestar circula y sin darnos cuenta vivimos anudados.

El lugar del Psicoanálisis en este entramado de la sociedad actual, está dado en que, a través de la palabra y de la escucha del lenguaje que nos atraviesa, a través de la posibilidad de interrogarnos a nosotros mismos, nos hace posible un espacio que puede ayudarnos a vivir mejor, a resolver problemas emocionales y sentirnos más satisfecho con la vida. El nudo se desata hablando. El nudo se desata escuchándonos.

No podemos afirmar que el Psicoanálisis sea bueno o sea malo, pero si podemos vivir la experiencia de que nos hace bien, analizando profundamente aquello que nos hace ser quiénes somos, asumiendo nuestro deseo y encontrando modos de ser congruentes con nosotros mismos.

 

“¿Y por qué el Psicoanálisis? Porque sirve. Sirve para entenderse mejor sí mismo y a otro. Sirve también para casi no mentirse más”

Marie Langer

Psicoanalista

 

 

Claudia Carina Oviedo

Lic. en Psicología egresada de la Universidad Nacional de Córdoba.

Formación en Psicoanalisis, Posgrado en clínica Psicoanalítica. Maestría en Psicoanálisis.

Psicóloga de We Doctor

Solicitud de consulta online a Claudia Carina: https://tuconsulta.we-doctor.com/agenda/3440660

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